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Opinión

Palabras Mayores/En la guerra contra el crimen: ¿cuánto se puede lograr en un año?

Opinión: Jorge Romero Rendón

Ningún sentido tiene darle vueltas a la necedad de quienes hacen reproches públicos por el tema de los plazos para terminar con la violencia en Guerrero y en el país, sobre todo porque se pierde la perspectiva real sobre un fenómeno que nadie controla, pues la actividad criminal ha provocado una guerra en varios frentes y niveles que se va enfrentando en la medida en que se presentan los ataques del crimen organizado.

     Porque nadie sabe con certeza cuándo ni dónde se llevará a cabo el próximo delito… y ni siquiera los propios delincuentes saben por dónde los atacarán sus rivales con los que disputan territorios, plazas y rutas. Recordando que más del 95% de los casos de homicidios, levantones y ejecuciones sucedidos en Guerrero y en el resto del país, es producto del enfrentamiento entre grupos criminales, cuyos integrantes son las principales víctimas de esa pelea.

     Hace un año, cuando el gobernador Héctor Astudillo Flores declaró en una entrevista que los avances en la lucha contra la inseguridad podrían verse en el plazo de un año, nunca se refirió a que toda actividad criminal cesaría en esta fecha fatal, algo imposible de prometer no sólo en Guerrero, sino en todo México y en aquellos países que sufren la actividad ilegal del crimen organizado.

     Astudillo planteó ese plazo en un marco más amplio, que buscaba por un lado la recuperación de la iniciativa policiaca y militar desde su gobierno con el apoyo federal,para disminuir la tasa de delitos y ganar áreas de seguridad pública para la población, como se ha visto en Acapulco principalmente, pero también en zonas de conflicto, como San Miguel Totolapan, Chilapa, zonas de la Costa Grande, Tierra Caliente, el Centro e incluso en Chilpancingo.

     Y por el otro, se había planteado recuperar la gobernabilidad y poner orden en las instituciones de gobierno, que Astudillo había encontrado en bancarrota y en un desorden sin precedentes. Es decir, el problema no era sólo la actividad criminal, sino el caos en que recibió al estado. Y recomponer esta parte lo logró mucho antes de ese plazo, como lo detallamos en octubre pasado, antes de la rendición del Primer Informe de su Gobierno.

     Para ese momento, ya se había logrado la desmovilización de grupos radicales que hicieron de las suyas principalmente en los años 2014 y 2015; se puso orden en la administración, se salvó el riesgo de la bancarrota, y se pusieron las bases para el rescate de la actividad económica, que ha crecido en materia de turismo, minería, en el sector agropecuario, en la obra pública, en el impulso a las micro y pequeñas empresas, y con el estímulo a las inversiones, que volvieron a resurgir en el mercado inmobiliario turístico.




     El mejor ejemplo de ese éxito es la recuperación de Acapulco como el principal destino turístico del país, tanto por el número de visitantes como por el monto de los ingresos que llegan, el empleo que crece en el puerto –y en los demás destinos, como Taxco e Ixtapa-, y el movimiento económico positivo que genera para el resto del estado

 

Empleo y gobernabilidad contra la inseguridad…

 

     En el plazo que se había fijado Astudillo se recuperaron el orden y la paz social, mientras que las estrategias en el combate a la criminalidad avanzan a otro ritmo, pero avanzan, como le hemos detallado en días pasados, citando el número de aprehensiones de delincuentes, de recuperación de vehículos, de disminución de los casos de secuestro y extorsión, y con la resolución de casos criminales a un ritmo nunca visto en los pasados 10 años de gobiernos perredistas.

     Todo gracias a la labor coordinada entre la Fiscalía General del Estado y la Procuraduría General de la República, además del CISEN, y la invaluable labor del Ejército, la Marina y las policías Federal, Estatal y algunas municipales, en una estrategia encabezada por el propio Astudillo.

     Porque debe entenderse que cualquier estrategia de lucha contra el crimen, no sólo depende de la labor policiaca o militar, sino de acciones que estimulen el empleo, la inversión, el crecimiento económico y la gobernabilidad. Porque donde hay empleo, paz social y oportunidades, disminuye la pobreza, se generan confianza y esperanza, al mismo tiempo que se desalienta a la delincuencia como una alternativa para quienes buscan mejorar sus condiciones de vida. Incluso se diluye el arraigo social que algunos criminales han logrado en ciertas zonas.

     Al final, todos quisiéramos sentirnos 100% seguros y no temer por nuestros bienes o nuestros seres queridos, todos deseamos que mañana amaneciera en Guerrero sin malosos ni muertos ni delitos. Pero la realidad es que vivimos en medio de los ataques de una guerra de criminales que heredamos de anteriores malos gobiernos.

     La buena noticia es que hoy mismo hay miles de soldados, marinos y policías que los combaten sin descanso, y que hay un gobierno que no ha descuidado su tarea ni un solo día. Y mientras ellos sigan cumpliendo, tendremos lo que hay que reconocer:tenemos un razonable espacio de paz y seguridad personal y familiar con el que cada uno, la gran mayoría, está saliendo adelante. Un espacio arrancado a los delincuentes a fuerza de combatirlos.

     No hay plazos para desterrar el cáncer de la violencia, pero tampoco existe una fecha para dejar de combatirla

     Correo electrónico: rendon59@gmail.com

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