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Coronavirus

Carlos Hernández fue el primero de 100 mil muertos por Covid-19

Con diabetes y obesidad, no soportó la enfermedad; fue uno de los 22 mil asistentes al concierto de Ghost en la CDMX

Hace 100 mil 104 muertos por coronavirus en México, el 3 de marzo de 2020, Carlos Hernández y su esposa Adriana Meneses atravesaron las puertas del Palacio de los Deportes en la CDMX y rugieron, junto a otras 22 mil personas, cuando la banda de metal Ghost apareció en escena. Quizá por tratar con el catolicismo mexicano, el vocalista del grupo sueco, Tobias Forge, no apareció caracterizado como Papa, sino como El Guasón.

Según Imagen Noticias, con Ciro Gómez Leyva, en ese momento de luces y rock, a Carlos Hernández, de 41 años de edad, le quedaban 14 días y 18 horas de vida. Su muerte se declararía, oficialmente, como la primera ocasionada por el nuevo coronavirus en México, hoy el cuarto país con mayor concentración de fallecimientos por la pandemia.

El día del concierto, Carlos tenía algún malestar, un ligero y soportable dolor muscular. Volvieron a casa, en un municipio del oriente del Estado de México, en los límites con Iztapalapa, y a un costado de la autopista México-Puebla en la zona del país que sería la más duramente golpeada por la pandemia.

Carlos empeoró con fiebre, tos intensa y, antes de cumplirse la semana del concierto, ya se asfixiaba. En ese momento, el número de personas confirmadas como infectadas en el país era sólo de siete. Había suficiencia hospitalaria y Carlos, diabético y obeso, fue internado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

Se le diagnosticó con neumonía y, tres días después, dio positivo a una de dos pruebas que le practicaron. Su familia nunca conoció los resultados del segundo test.

Poco después del ingreso de Carlos, arribó otro paciente que, además de resultar positivo a SARS COV2, también acudió a la tocada de Ghost, lo que llevó a la conclusión de autoridades y prensa de que ese evento originó el contagio.

Sin embargo, existe una alternativa al origen de su infección se encuentra en el aeropuerto de la Ciudad de México, donde Carlos instalaba mantas publicitarias elaboradas en un pequeño taller adecuado en su misma casa. La sospecha se basa en que Adriana también asistente a la función, manifestó síntomas con una semana de retraso respecto de su marido.

El 18 de marzo,  a las 4 de la tarde, Carlos murió y, horas más tarde, la Secretaría de Salud federal confirmó el deceso en su cuenta oficial de Twitter y dio algunos datos más:

“Hoy en México falleció la primera persona con covid-19. Inició sus síntomas el 9 de marzo y padecía diabetes. El secretario de Salud expresa sus condolencias a sus familiares”.

Esa noche, en la banqueta, Adriana, con su hijo al lado, declaró a Imagen Televisión que había deficiencias de todos tipos. Cien mil muertos después, las quejas no han hecho sino multiplicarse.

Una semana después de su muerte, el 25 de marzo, Carlos habría cumplido 42 años de edad. Ese mismo día, no lejos de su casa, de donde pende el primer moño negro colgado en un hogar mexicano a causa del coronavirus.

Para Adriana y su hijo no hubo nada más que la entrega de un cadáver que debieron incinerar. Nadie del gobierno federal o del Estado de México buscó a la madre del difunto, a la viuda o al huérfano para expresar un pésame. De parte de las autoridades, la familia de Carlos recibió instrucciones de guardar la cuarentena, les practicaron pruebas a todos y, además de Adriana, nadie más resultó positivo.

Vino luego la hostilidad vecinal que menguó ante la realidad de que en la Ciudad de México y el Estado de México suman más de 27 mil muertos en las cifras oficiales. Hay municipios y alcaldías enteros en que no hay una sola cuadra sin un muerto o un contagio al menos.

En medio del duelo y la estigmatización, llegó la crisis económica. El muchacho ha suspendido la escuela a la espera de recuperar una beca académica y el taller de publicidad, una pequeña fábrica de lonas y anuncios luminosos, ha vuelto a arrancar con algunos pequeños trabajos aislados, insuficientes.

Si Adriana y su hijo han salido a flote es por la solidaridad familiar mientras oyen decir, una y otra vez, desde hace 100 mil 104 muertos, que el coronavirus está bajo control.

Fuente https://www.excelsior.com.mx/

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