Vinculan fatiga crónica con micro derrames cerebrales que pasan desapercibidos
De acuerdo con la investigación, cerca del 30% de quienes han sufrido un AIT desarrollan fatiga patológica durante al menos un año
La fatiga persistente podría ser más que agotamiento cotidiano: un estudio publicado en Neurology advierte que los llamados mini accidentes cerebrovasculares, conocidos médicamente como accidentes isquémicos transitorios (AIT), podrían estar detrás de ese cansancio que no desaparece, aun sin síntomas neurológicos visibles.
A diferencia de un accidente cerebrovascular (ACV) completo, los AIT interrumpen brevemente el flujo sanguíneo al cerebro sin dejar secuelas permanentes, lo que facilita que tanto pacientes como médicos los pasen por alto. Sin embargo, estas micro fallas cerebrales pueden ser una señal temprana de colapso neurológico.
De acuerdo con la investigación, cerca del 30% de quienes han sufrido un AIT desarrollan fatiga patológica durante al menos un año. Este agotamiento no responde al descanso, lo que lo distingue del cansancio común. Los expertos sostienen que el origen es fisiológico: los AIT alteran la conectividad neuronal y modifican la química cerebral, especialmente en zonas que regulan el estado de alerta y el control motor.
“Es un cortocircuito funcional del cerebro. Aunque la persona parezca recuperada, hay un desgaste interno constante”, señalan los investigadores. Estos hallazgos explican por qué algunos pacientes, incluso jóvenes, reportan sensación de agotamiento prolongado sin causa aparente.
El estudio subraya la importancia de prestar atención a señales sutiles como lapsos de memoria, desorientación momentánea o una fatiga persistente sin explicación médica clara. Detectar a tiempo un AIT puede prevenir un ACV mayor.
