Entre promesas y veladoras, Acapulco celebra al santo de las causas difíciles
La celebración tuvo un motivo especial: por segunda ocasión, la reliquia de San Judas Tadeo llegó al barrio de Tambuco
Por Fernanda Ramírez
Acapulco, Gro., 28 de octubre de 2025.- El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando un grupo de más de 50 feligreses llegó a la entrada de la parroquia de San Judas Tadeo para entonar las mañanitas. Entre aplausos, cantos y oraciones, comenzó una jornada de fe que año con año reúne a cientos de devotos en el barrio de Tambuco, en la zona tradicional de Acapulco.

Horas más tarde, las puertas del templo se abrieron por completo para recibir a los fieles que, con flores en mano, figuras del santo y la voz entrecortada por la emoción, participaron en las primeras misas dedicadas al “abogado de los casos difíciles y desesperados”.
Desde el mediodía, el ambiente en la calle principal del barrio ya se impregnaba de incienso, velas encendidas y el murmullo de las oraciones. Cada 28 de octubre, Tambuco se transforma en un punto de encuentro donde convergen historias, promesas y agradecimientos.

A lo largo del día, las misas se celebraron cada dos horas. En cada una, la iglesia se llenó de rostros marcados por la esperanza. Afuera, la calle lucía vestida de blanco, verde y amarillo —los colores de San Judas— mientras el flujo de gente era constante. Algunos devotos cargaban pequeñas estatuillas, otros imágenes de tamaño natural, esperando la bendición del párroco o la purificación de sus objetos religiosos.
Ni el intenso calor que se sentía desde las primeras horas fue motivo para que la devoción disminuyera. Familias enteras llegaron acompañadas de niños vestidos con túnicas verdes y aureolas doradas, mientras los adultos encendían veladoras o dejaban arreglos florales en el atrio.

Conforme avanzaba el día, los puestos de comida comenzaron a instalarse sobre la calle principal. Picadas, tacos de canasta, pozole, paella y aguas frescas formaban parte del ambiente festivo. Los vendedores ofrecían rosarios, estampas, pulseras y medallas bendecidas, mientras la música de banda acompañaba el ir y venir de los fieles.

Este año, la celebración tuvo un motivo especial: por segunda ocasión, la reliquia de San Judas Tadeo llegó al barrio de Tambuco, lo que atrajo aún más devotos. Desde el mediodía, largas filas se formaron para acercarse al relicario, tocarlo o simplemente observarlo en silencio.
En medio de la multitud, Yolanda Martínez, devota desde hace más de una década, viajó desde la colonia La Sabana para pedir por el bienestar de sus familiares que son perseguidos por autoridades migratorias en Estados Unidos. En agradecimiento, llevó bolsas con pan y tabletas de chocolate que repartió entre los asistentes.

“Vengo cada año a pedir por mis hijos, porque están allá y ahorita los están persiguiendo mucho en migración. Le pido a San Juditas que los proteja y que todo se calme”, contó.
Más adelante, Karen Corral, joven madre que acudió por tercer año consecutivo, aprovechó la ocasión para celebrar los 40 días de su bebé, a quien vistió con una túnica verde similar a la del santo.
“Es una promesa que hice desde que nació. Hoy vengo a agradecer por su salud y por mi familia”, relató emocionada.

Conforme cayó la noche, la celebración se tornó en fiesta. Tras la última misa, celebrada a las nueve, el cielo de Tambuco se iluminó con fuegos artificiales que dieron paso a la música, los toritos y los bailes. Entre risas, cantos y oraciones, la devoción se mezcló con la alegría.
Así, entre el fervor y el estruendo de la pirotecnia, quedó claro que para muchos acapulqueños San Judas Tadeo sigue siendo más que un santo: es una esperanza viva, un amigo cercano al que se le confía lo imposible.
