Opinión

Propuestas y Soluciones – El acuerdo

La idea —cada vez más comentada entre analistas— de que existe un acuerdo implícito entre Trump y Vladimir Putin no es descabellada

Propuestas y Soluciones – El acuerdo
Jorge Laurel
diciembre 16, 2025 11:39 am

“En política, nada ocurre por accidente. Si sucede, puedes apostar a que así estaba
planeado.”

Franklin D. Roosevelt (32º. Presidente de USA) (1882 – 1945).

La política internacional rara vez se mueve por impulsos espontáneos. La mayoría de los
acontecimientos que vemos en los titulares responden a negociaciones previas, a presiones
invisibles y a cálculos fríos
que rara vez se confiesan públicamente. Por eso, cuando Donald
Trump
insinúa que Ucrania debería replegarse militarmente del Donbás, no podemos tomar
esa frase como un desliz casual ni como una ocurrencia del momento. Debemos verla por lo
que es: un mensaje envuelto en pragmatismo y dirigido a los actores que verdaderamente
importan en la arena global
.

La idea —cada vez más comentada entre analistas— de que existe un acuerdo
implícito entre Trump y Vladimir Putin
no es descabellada. A ambos líderes los une una
visión cruda de la geopolítica y una tendencia a entender el poder como negociación directa
entre fuertes
. En ese contexto, permitir que Rusia consolide su victoria en Ucrania a cambio
de que Estados Unidos tenga manos libres para actuar en el hemisferio occidental no solo es
posible: es estratégicamente coherente para ambas potencias.

La reciente escalada de acciones norteamericanas contra Venezuela es prueba de ello.
Estados Unidos ha endurecido su postura de una forma que no veíamos desde los momentos
más tensos de la Guerra Fría. La decisión de atacar militarmente barcos petroleros
venezolanos
marca un punto sin retorno: Washington ya no está dispuesto a tolerar el desafío
de Maduro ni a permitir que Venezuela siga fungiendo como plataforma geopolítica para
Rusia, Irán y China
en la región. Se trata de un reposicionamiento calculado, uno que exige
nuevas correlaciones de fuerza.

Cuando observamos este tablero, el vínculo entre Europa Oriental y América Latina
se vuelve más evidente. Lo que ocurre en Ucrania tiene repercusiones directas en el equilibrio
del continente americano. Para Estados Unidos, ceder terreno en Europa sería francamente
inaceptable si no se obtiene algo a cambio. Trump, con su estilo característico, parece sugerir
que ese “algo” podría ser el control geopolítico sobre Venezuela. Y en política internacional,
la reciprocidad estratégica siempre ha sido la moneda más fuerte.

México, como país que ha experimentado en carne propia la fuerza de los conflictos
globales, debe recordar que las presiones externas pueden derivar en decisiones drásticas.
Basta evocar el episodio de 1942: el hundimiento del Potrero del Llano por parte de
Alemania. México protestó, como correspondía. La respuesta fue el hundimiento del Faja de
Oro
. Ese segundo ataque fue un mensaje claro, uno que no dejaba espacio para la
ambigüedad. El resultado fue inevitable: México entró a la Segunda Guerra Mundial. La
historia nos enseña que los intereses estratégicos de las grandes potencias producen
reacciones en cadena que arrastran a países que inicialmente no buscaban involucrarse.

Hoy no estamos en un escenario que derive en una Tercera Guerra Mundial. La
diplomacia global, pese a sus tensiones, sigue operando bajo parámetros que disuaden un
conflicto de tal magnitud. Sin embargo, sí estamos frente a un desenlace histórico que tendrá
consecuencias profundas para Venezuela. La permanencia de Nicolás Maduro en el poder ya
no es sostenible bajo la nueva dinámica internacional. Su salida es solo cuestión de tiempo;
lo que resta por definirse es la manera en que sucederá.

¿Será una salida digna? Esa palabra —tan delicada y tan cargada de matices—
depende más del propio Maduro que de sus enemigos. Si él decide aceptar el nuevo escenario
global y negociar con realismo
, podría asegurar un retiro relativamente ordenado, con ciertas
garantías personales y políticas. Podría incluso construir una narrativa de resistencia que le
permita mantener alguna forma de legitimidad entre sus seguidores.

Pero si opta por resistirse, si insiste en ignorar la presión internacional y desafiar la
capacidad militar de Estados Unidos, el desenlace podría ser brutal. La historia reciente
ofrece ejemplos elocuentes: Muamar el Gadaffi en Libia, creyó hasta el último minuto que
podía resistir el cerco que se cernía sobre él. La imagen de su final no solo selló su destino,
sino que se convirtió en un símbolo de lo que ocurre cuando un régimen subestima la presión
internacional combinada con descontento interno.

Venezuela enfrenta hoy una crisis multidimensional: económica, social, política y
humanitaria
. Millones han emigrado; la infraestructura del país está colapsada; la producción
petrolera, que alguna vez fue orgullo continental, se encuentra en ruinas. Para Estados
Unidos, la continuidad de Maduro no solo representa una amenaza geopolítica, sino un foco
de inestabilidad regional. Para Rusia, su permanencia es una ficha útil. Y para China, un
punto de negociación en su interminable pugna con Washington. La pregunta es si Maduro
entiende que, en este juego entre gigantes, él es prescindible.

Latinoamérica suele observar estos movimientos como espectadora, pero la verdad es
que las repercusiones siempre llegan. Las oleadas migratorias, la presión económica, las
tensiones diplomáticas y los reacomodos de poder
afectan al continente entero. México no
es ajeno a ello, especialmente por su papel histórico y su cercanía con Estados Unidos. La
región, más que nunca, requiere madurez para interpretar los cambios que se desarrollan a
velocidad vertiginosa.

El probable acuerdo entre Trump y Putin, tácito o explícito, es una pieza más del
complejo rompecabezas geopolítico. Pero su impacto en Venezuela será profundo y
definitivo
. La salida de Maduro está escrita en el guion internacional; lo único que falta
determinar es si el capítulo final será negociado o trágico.

En momentos así, conviene recordar que los acuerdos entre potencias rara vez
consideran la dignidad de los líderes locales. La dignidad solo la protege quien sabe retirarse
a tiempo. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.

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