Esthela Damián Peralta: La política que no necesita cifras, sino credibilidad
Para ellos, la gente es solo un medio para alcanzar sus fines; para Esthela, la gente es el fin mismo de su trabajo
Julián Bustamante Arzate.
Quienes creen que para aspirar a la gobernatura de Guerrero se requieren encuestas favorables, estadísticas maquilladas o una presencia mediática incesante, se equivocan de principio a fin. Esthela Damián Peralta demuestra que lo verdaderamente importante no son los números, sino la confianza de la gente y la capacidad de servir con lealtad y compromiso. Como funcionaria federal, ella no necesita apoyarse en informes ni proyecciones para demostrar que está preparada para dirigir el estado: los guerrerenses de sombrero bien puesto, quienes conocen la realidad de nuestras tierras, nuestras necesidades y nuestras esperanzas, saben perfectamente quién es ella, cuáles son sus principios y qué ha hecho por el bienestar de todos. Solo sus detractores se atreven a decir que no la conocen o que no es de aquí, y lo hacen por una sola razón: porque no tienen argumentos sólidos para oponerse a su proyecto.
Se aferran a la mentira de que no ha estado en Guerrero o que construyó su trayectoria política fuera de nuestras fronteras, como si el compromiso con la gente dependiera solo del lugar donde se reside. ¡Qué absurdo argumento! La política verdadera no se mide por el tiempo que se pasa en un lugar, sino por la capacidad de comprender lo que el pueblo sufre, lo que necesita y lo que anhela. Y Esthela Damián Peralta lo hace como nadie: es una política de altura, con visión amplia, que escucha con atención cada voz, analiza con rigor cada problema y siente en su propio corazón lo que nosotros sentimos. No habla desde escritorios alejados ni desde privilegios lejanos; habla desde la empatía, desde la experiencia y desde el deseo genuino de transformar la vida de los guerrerenses.
La diferencia entre ella y los demás políticos es abismal, y todos lo sabemos. Hemos visto a Esthela recorrer caminos polvorientos, entrar a casas humildes, sentarse a hablar con campesinos, comerciantes, madres de familia y jóvenes, pidiendo confianza con la verdad en la boca y la mano extendida. Nunca ha prometido lo imposible, pero siempre ha cumplido lo que se ha comprometido. En cambio, ¿qué vemos en los otros? Políticos que aparecen solo cuando se acercan las elecciones, como las golondrinas que solo vuelan por aquí en primavera. Llegan, hacen promesas grandilocuentes, abrazan a quien sea y juran amar a Guerrero, pero en cuanto obtienen el poder, desaparecen, se olvidan de quienes los eligieron y dejan de lado los problemas que prometieron resolver. Para ellos, la gente es solo un medio para alcanzar sus fines; para Esthela, la gente es el fin mismo de su trabajo.
Ella no necesita demostrar nada con cifras. Su trayectoria, su integridad y el cariño que le tiene la gente hablan por sí solos. Guerrero necesita una gobernadora que no le dé la espalda al pueblo, que esté presente en los momentos difíciles y que trabaje sin descanso por el progreso de todos. Y esa persona es Esthela Damián Peralta: la política que no necesita encuestas para ser la mejor opción, porque su respaldo está en el corazón de los guerrerenses que sí la conocen y sí confían en ella.
