Adolescentes recurren a la inteligencia artificial como consejera, amiga y guía emocional
Un estudio revela que más del 70% de los jóvenes en EE.UU. utilizan asistentes de IA como ChatGPT para consejos personales y apoyo emocional.
Mientras millones de jóvenes en Estados Unidos preparan sus mochilas para el regreso a clases, una herramienta digital se convierte en protagonista inesperada: la inteligencia artificial. Lejos de usarse solo para tareas escolares, estudiantes como Kayla Chege, de 15 años, confían en asistentes como ChatGPT para resolver desde dilemas de moda hasta temas personales.
Chege, estudiante con honores en Kansas, evita que los chatbots hagan su tarea, pero admite que son útiles para elegir smoothies bajos en calorías o planear fiestas familiares. “Todo el mundo usa IA para todo ahora. Realmente está tomando el control”, señala.
Según un nuevo estudio de Common Sense Media, el 70% de los adolescentes ha interactuado con IA generativa y al menos la mitad lo hace con frecuencia. Herramientas como Character.AI o Replika son usadas como “amigos digitales”, mientras que plataformas como ChatGPT y Claude también se emplean para obtener apoyo emocional.
El informe —basado en encuestas a más de 1,000 jóvenes— advierte que el 31% encuentra sus conversaciones con IA “tan o más satisfactorias” que hablar con personas reales. Un 33% ha confiado temas serios a la IA en lugar de a sus padres o amigos.
Expertos en psicología como Eva Telzer, de la Universidad de Carolina del Norte, alertan que los adolescentes están sustituyendo relaciones humanas con interacciones artificiales. “Es la nueva adicción”, afirma Ganesh Nair, de 18 años.
Casos como el de un adolescente que terminó con su novia mediante un mensaje escrito por un chatbot revelan el impacto de esta tecnología en las relaciones reales. Investigadores temen que esto afecte el desarrollo de la empatía, la autonomía y la creatividad.
Para los especialistas, la IA puede ser útil, pero advierten que no debe reemplazar el contacto humano. “La adolescencia es una etapa para aprender a convivir con otros, no con algoritmos”, concluye el estudio.
