Convoy solidario a Cuba: lujo en hoteles de 5 estrellas mientras la isla sufre apagones y escasez
Acusan a los activistas de tratar la dictadura como “parque temático ideológico”
La Habana, Cuba, 22 de marzo de 2026.- La “Flotilla Nuestra América”, convertida en convoy por tierra, mar y aire, llegó a Cuba con mensajes de solidaridad y resistencia, pero también con una escenografía que genera polémica: delegaciones internacionales alojadas en hoteles coloniales de lujo (habitaciones de 130 a 520 dólares por noche), con aire acondicionado, internet estable y traslados cómodos, mientras la mayoría de los cubanos enfrenta apagones masivos, colas por comida y salarios promedio de apenas 14 dólares al mes en el mercado informal.
Figuras como Pablo Iglesias, Owen Jones y Hasan Piker grabaron contenido lamentando las penurias cubanas desde suites con piscina en la terraza y electricidad garantizada por generadores del hotel. Piker presentó su estancia en hoteles de lujo como “sacrificio” y afirmó falsamente que EE.UU. obliga a los estadounidenses a hospedarse solo en establecimientos de 5 estrellas (la normativa prohíbe hoteles vinculados al régimen o élites, pero permite casas particulares independientes).
La iniciativa, impulsada por grupos como Progressive International y Code Pink, reunió a 650 delegados de 33 países y 120 organizaciones. Incluyó encuentros oficiales con Miguel Díaz-Canel en el Palacio de Convenciones, un concierto de Kneecap organizado por Code Pink y la distribución de ayuda humanitaria (detalles sobre su entrega aún opacos).
Mientras tanto, Cuba sufría otro apagón nacional y barrios enteros se iluminaban con linternas y generadores. El contraste entre la “peregrinación política” y la realidad cotidiana de los cubanos alimentó críticas fuertes, especialmente desde el exilio en EE.UU.
Mike González, experto de la Heritage Foundation y exiliado cubano, acusó a los activistas de tratar la dictadura como “parque temático ideológico”: “Se dan festines de cola de langosta mientras la red eléctrica colapsa por segunda vez en una semana”.
El convoy nació en febrero como misión humanitaria marítima para llevar ayuda en plena crisis energética y alimentaria (agravada por la interrupción de envíos venezolanos y presión de Trump). Rápidamente se transformó en espectáculo político con actos oficiales, focos y escenario, mientras millones de cubanos siguen a oscuras.
