Opinión

Dobla las manos Abelina ante el Acamoto y evidencia vacío de poder

Argumenta que no puede cancelarlo porque “no está autorizado”

Dobla las manos Abelina ante el Acamoto y evidencia vacío de poder
Juan José Belmonte
marzo 28, 2026 11:02 am

Acapulco, Gro., 27 de marzo de 2026.— No fue un operativo fallido ni una estrategia rebasada: fue una rendición. La alcaldesa Abelina López Rodríguez dobló las manos frente al Acamoto y lo hizo público al admitir que no puede cancelarlo porque “no está autorizado”.

La declaración no solo es contradictoria, es reveladora. Porque bajo esa lógica, cualquier concentración masiva, aunque derive en desorden, accidentes o delitos, queda fuera del alcance de la autoridad si no existe un permiso de por medio.

En otras palabras: si no lo autoricé, no es mi problema.

Pero sí lo es.

El Acamoto no necesita un papel oficial para existir. Está en las calles, en las avenidas colapsadas, en las motocicletas sin control, en el consumo de alcohol en la vía pública y en los riesgos que año con año se repiten. Negarlo desde el escritorio no lo desaparece; solo exhibe la renuncia del gobierno municipal a ejercer su función más básica: imponer orden.

Aquí no hay vacío legal, hay vacío de poder.

Porque gobernar no es administrar permisos, es garantizar condiciones mínimas de seguridad. Y eso incluye actuar incluso cuando los eventos son espontáneos, irregulares o, como en este caso, deliberadamente al margen de la ley.

La postura de la alcaldesa termina siendo una coartada: el Acamoto no está autorizado, pero tampoco está contenido. No existe en el papel, pero domina en la realidad.

Mientras tanto, Acapulco paga el costo. Turísticamente golpeado, con empresarios inconformes y ciudadanos expuestos a un descontrol que ya se volvió costumbre.

Lo más preocupante no es que el evento ocurra sin permiso. Es que ocurra sin autoridad.

Y eso ya no es un problema de motociclistas.

Es un problema de gobierno.

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