Opinión

El Mundial ya empezó: turismo, orgullo y oportunidad para México – Propuestas y Soluciones

Estadio Azteca ese templo donde Pelé levantó la gloria y Maradona tocó la eternidad

El Mundial ya empezó: turismo, orgullo y oportunidad para México – Propuestas y Soluciones
Jorge Laurel
junio 12, 2026 10:35 pm

Jorge Laurel González

El fútbol realmente une al mundo. Tiene esa magia especial: cuando rueda el balón, la gente se reúne.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA (Suizo-Italiano 1970- )

El balón comenzó a rodar y, con él, empezó también una de las mayores vitrinas turísticas, culturales y económicas que puede tener un país. La Copa del Mundo 2026 inició en México con una imagen poderosa: el Estadio Azteca —ese templo donde Pelé levantó la gloria y Maradona tocó la eternidad— volvió a ser escenario inaugural. Y México, esta vez, no solo fue anfitrión: fue protagonista.

La Selección Mexicana derrotó 2 goles a 0 a Sudáfrica en el partido inaugural. Julián Quiñones abrió el marcador con un gol histórico, el primero del torneo, y Raúl Jiménez selló la victoria con un cabezazo emotivo que encendió a la afición. No fue únicamente un triunfo deportivo; fue una señal de ánimo nacional. México necesitaba empezar bien, ganar en casa, romper dudas y transmitir confianza. Lo hizo.

Pero más allá del marcador, este Mundial representa una pregunta de fondo: ¿sabremos convertir la fiesta futbolera en beneficio turístico real para México?

Porque una Copa del Mundo no se mide solo en goles. Se mide en ocupación hotelera, consumo en restaurantes, movilidad aérea, promoción internacional, derrama económica, empleos temporales, imagen país y capacidad de organización. Se mide, también, en la impresión que se llevan quienes nos visitan y en la decisión que tomen de regresar cuando el torneo termine.

México tiene una oportunidad extraordinaria. Somos un país con historia, gastronomía, playas, ciudades coloniales, cultura viva, música, hospitalidad y una identidad que no necesita inventarse para conquistar al mundo. Sin embargo, el Mundial también nos obliga a ser realistas. La derrama no llegará sola. No basta con que vengan turistas; hay que saber recibirlos, orientarlos, cuidarlos y convencerlos de quedarse más días, gastar mejor y volver después.

La Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey serán las sedes principales, pero el beneficio no debe quedarse únicamente ahí. El Mundial debe ser una plataforma nacional. Los destinos que no tienen partidos —como Acapulco, Cancún, Los Cabos, Oaxaca, Puebla, Mérida, Taxco o San Miguel de Allende— también pueden insertarse en la conversación turística si trabajan con inteligencia comercial. Habría que promover paquetes previos y posteriores a los partidos: “ven al Mundial y conoce el Pacífico”, “después del juego, descansa frente al mar”, “México no termina en el estadio”.

Acapulco, particularmente, debe entender este momento como una ventana. No somos sede mundialista, pero somos marca histórica del turismo mexicano. Si el país recibe visitantes internacionales, medios de comunicación, aficionados y empresarios, Acapulco debe estar presente con promoción, alianzas, gastronomía, conectividad y una narrativa clara: somos el puerto clásico de México, resiliente, vivo, hospitalario y listo para recibir.

La estrategia debe ser concreta. Primero, precios razonables. Nada perjudica más al turismo que el abuso disfrazado de temporada alta. El visitante acepta pagar por calidad, no por improvisación. Segundo, seguridad y movilidad. El turista mundialista quiere experiencias, pero también certeza. Tercero, capacitación. Meseros, taxistas, hoteleros, guías, restauranteros y comerciantes son embajadores del destino. Una buena atención puede valer más que una campaña publicitaria.

Cuarto, promoción digital inmediata. Hoy el turista decide desde el teléfono. Busca dónde comer, qué visitar, cómo moverse, qué tan seguro es un destino y qué experiencias puede vivir en dos o tres días. México necesita campañas ágiles, en varios idiomas, con rutas claras: gastronomía, playas, cultura, vida nocturna, naturaleza, historia y compras. Quinto, coordinación entre gobierno e iniciativa privada. El turismo no se improvisa por decreto; se construye con planeación, inversión y confianza.

El triunfo de México sobre Sudáfrica ayuda. Un país anfitrión que gana genera entusiasmo, consumo y conversación. La gente sale a celebrar, se reúne en restaurantes, compra camisetas, llena plazas públicas y comparte imágenes que recorren el mundo. La emoción deportiva es también combustible económico. Pero hay que administrarla bien. El siguiente reto será Corea del Sur, una selección con más experiencia internacional, velocidad, disciplina táctica y jugadores de alto nivel. México llega con tres puntos, ánimo y liderazgo de grupo, pero también con ajustes pendientes. El Mundial apenas empieza.

En lo deportivo, el próximo partido será una prueba de madurez. Sudáfrica fue el arranque emocional; Corea del Sur será el examen de consistencia. México debe confirmar que puede competir con orden, profundidad y carácter. Una segunda victoria prácticamente encaminaría la clasificación y elevaría la expectativa nacional. Un tropiezo, en cambio, enfriaría el entusiasmo inicial. Por eso, el mensaje debe ser claro: celebrar sí, confiar también, pero sin perder concentración.

En lo turístico ocurre lo mismo. Hay que celebrar que el mundo mire a México, pero no debemos quedarnos en la fotografía inaugural. El Mundial será rentable en la medida en que se traduzca en experiencias memorables, servicios profesionales y promoción de largo plazo. No se trata solo de vender habitaciones durante unas semanas; se trata de posicionar a México para los próximos años.

La Copa del Mundo es una fiesta, sí, pero también es una evaluación. El mundo observará cómo organizamos, cómo atendemos, cómo transportamos, cómo protegemos y cómo recibimos. Cada visitante satisfecho es un promotor. Cada mala experiencia es una alerta. El turismo vive de emociones, pero se sostiene con confianza.

México empezó ganando. Ganó en la cancha, ganó en ánimo y ganó visibilidad. Ahora falta ganar lo más importante: que esta Copa del Mundo deje algo más que recuerdos. Que deje empleo, promoción, inversión, orgullo, orden y una nueva oportunidad para nuestros destinos.

Como ha dicho Gianni Infantino, presidente de la FIFA: “El fútbol realmente une al mundo”. Y cuando el mundo se reúne alrededor de un balón, también viaja, consume, conoce ciudades, llena hoteles, visita restaurantes y transforma la pasión deportiva en movimiento turístico.

El balón ya está en juego. Hagamos que también ruede la economía turística. México ya metió dos goles; ahora le toca al país completo convertir esta oportunidad en desarrollo. Recordemos que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.

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