México está de moda… ¿pero está preparado?-Propuestas y Soluciones
El turismo no es solo una industria: es una forma de entender el mundo, de abrirse al otro sin dejar
de ser uno mismo
Jorge Laurel González
Octavio Paz (Escritor mexicano, nobel de Literatura 1914 – 1998).
México vive, una vez más, un momento de bonanza turística. Las cifras así lo indican, los discursos
lo celebran y los anuncios oficiales lo confirman. La llegada de visitantes internacionales se mantiene
al alza, la ocupación hotelera crece y, en el horizonte inmediato, el Mundial de 2026 se presenta
como una oportunidad histórica para consolidar al país como una potencia turística global.
Sin embargo, como ocurre con frecuencia en nuestra historia, el entusiasmo convive con la
fragilidad.
Porque mientras México está de moda, México también está en revisión.
El turismo, que durante décadas ha sido uno de los pilares económicos más sólidos del país,
enfrenta hoy una paradoja: crece en números, pero arrastra problemas estructurales que no han
sido resueltos. La inseguridad en determinadas regiones, la percepción internacional fluctuante, la
insuficiencia de infraestructura y la falta de una estrategia integral de largo plazo siguen siendo
asignaturas pendientes. No basta con recibir más turistas. Hay que saber recibirlos mejor.
El Mundial de 2026 ha sido presentado como el gran catalizador. Y lo es. No solo por el flujo
de visitantes que generará, sino por lo que implica en términos de imagen, logística y coordinación
institucional. México tendrá los ojos del mundo encima, y eso no es menor. Será una prueba, no de
capacidad hotelera, sino de madurez como destino.
Pero el Mundial también ha revelado algo más profundo: el turismo se ha convertido en una
herramienta de política exterior. La reciente apertura diplomática, la invitación amplia a líderes
internacionales y la narrativa de reconciliación con diversos actores globales muestran que el
turismo ya no es únicamente economía: es geopolítica. Y ahí radica tanto su fuerza como su riesgo. Porque si el turismo es estrategia, entonces debe ser gestionado con visión de Estado.
En este contexto, surge otro debate que no es menorw: ¿debe el turista pagar más?
Propuestas como el incremento de impuestos al hospedaje, bajo el argumento de financiar servicios
urbanos y vivienda, abren una discusión necesaria pero delicada. El equilibrio entre competitividad
y recaudación no puede romperse sin consecuencias. Un destino caro, sin servicios proporcionales,
pierde atractivo. Un destino barato, sin inversión, se deteriora. La clave no está en cobrar más, sino en administrar mejor.
A ello se suma un factor pocas veces discutido: el costo energético. El turismo depende
profundamente del transporte, y este, a su vez, del precio de los combustibles. La reciente presión
sobre los energéticos a nivel global impacta directamente en tarifas aéreas, traslados terrestres y
costos operativos. En otras palabras: el turismo también se define en los mercados internacionales
del petróleo.
Y, sin embargo, seguimos pensando el turismo solo desde la promoción.
Hay otro México que también está de moda, aunque no siempre se le dé la misma visibilidad:
el México cultural. El reciente equinoccio de primavera volvió a llenar zonas arqueológicas,
recordándonos que el país no solo vende playas y hoteles, sino historia, identidad y espiritualidad.
Ese turismo, menos volátil, más profundo, debería ser parte central de cualquier estrategia.
Porque el turismo no es únicamente consumo: es experiencia.
Y en esa experiencia, la infraestructura sigue siendo el gran desafío. No hay promoción que
sustituya a la conectividad. No hay campaña que compense una mala carretera, un aeropuerto
saturado o un destino mal organizado. El turista llega… si puede llegar. Y regresa… si quiere regresar.
Ahí está, quizá, la verdadera pregunta de fondo:
¿Estamos creciendo… o solo estamos recibiendo más gente?
México tiene todo para consolidarse como una potencia turística de primer nivel. Tiene
historia, cultura, gastronomía, geografía privilegiada y una vocación natural de hospitalidad. Pero
también tiene pendientes estructurales que ya no pueden seguir postergándose. El momento es ahora.
Porque el turismo no perdona la improvisación. Y las oportunidades, como las mareas, no
esperan. Recordemos, que solamente Juntos, Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.
