Familia de guardia nacional muerta en Acapulco rechaza versión de suicidio
Las autoridades informaron a la familia durante la madrugada, indicando que Dalila se disparó, pero las cámaras de vigilancia del destacamento no funcionaban esa noche
10 de enero de 2026.- Dalila Acosta Medina quería desde pequeña ser policía o militar, cualquier ocupación que le permitiera combatir la injusticia. Su familia la recuerda como humana, solidaria y alegre. Tras varios intentos, ingresó a la Guardia Nacional hace tres años, pero ya trabajando como agente de carreteras en Acapulco, le comentó a sus hermanas que no se sentía a gusto y que consideraba darse de baja por acoso laboral, sin dar más detalles.
Opacidad por parte de las autoridades
La madrugada del 6 de enero, hallaron su cuerpo en el estacionamiento del destacamento, con un tiro en el rostro, vestida de civil, junto a su arma y un teléfono móvil. La familia asegura que el relato oficial de las autoridades, que investigan el hecho como suicidio, es contradictorio y deficiente, y que la muerte de Dalila no está esclarecida.
Las autoridades informaron a la familia durante la madrugada, indicando que Dalila se disparó, pero las cámaras de vigilancia del destacamento no funcionaban esa noche. “Eran inservibles”, declararon algunos testigos.
Una imagen del cuerpo muestra a Dalila cubierta con una manta azul, entre dos patrullas, con una mano extendida, mientras al fondo la oficina de entrada estaba luces encendidas y la puerta abierta a menos de cien metros. Sus hermanas, María Guadalupe y Eréndira Acosta, consideran la escena forzada y cuidadosamente preparada. “No tenemos todavía el reporte pericial, pero sí la foto sin censura, y creemos que todo está arreglado: desde la posición del cuerpo hasta el arma”, afirmaron.
Originaria de Zumpahuacán, Estado de México, su madre recibió el cuerpo cerca de las 10:00 horas, y solo pudo verlo a través de un cristal durante 30 segundos. El cuerpo estaba totalmente desnudo y se lo entregaron finalmente aproximadamente a las 0:30 horas del miércoles.
La familia señala inconsistencias, golpes, rasguños y un celular desaparecido
“Quiero que la muerte de mi hermana no quede impune, y que la gente no piense que ella se quitó la vida. Tenemos evidencia y testigos: a mi hermana le falta un diente, tiene golpes y signos de maltrato, una huella de bota, marcas de cinturón, rasguños en cara y pelvis, y una herida grande en la cabeza”, dijeron sus familiares.
Cabe destacar que hace unos seis meses, Dalila Acosta Medina comentó esporádicamente a su familia, sin dar detalles, que en su corporación había “mucho acoso laboral”. Esa inconformidad la llevó a comenzar a estudiar Derecho, donde ya llevaba un semestre.
Entre las inconsistencias que relatan sus familiares, además de los signos de violencia en su cuerpo, está que solo uno de los dos teléfonos móviles que utilizaba apareció junto a su cadáver. Una de sus hermanas le envió un mensaje que no fue leído hasta después de su muerte. “Están borrando información, porque el mensaje ya no estaba. Queremos pensar que tal vez desaparecieron el teléfono del que nos hablaba y dejaron el que quizá no beneficiaba a la persona que cometió el delito; colocaron ese solo”, aseguran.
Dado que vestía de civil y no estaba en funciones, su familia se cuestiona por qué tenía su arma en la mano. “Los elementos de la Guardia Nacional trajeron a nuestra hermana, pero no la llevaron al panteón porque dijeron que no estaba trabajando, que no estaba de guardia. Entonces, si no estaba trabajando, ¿por qué tenía el arma en la mano, si alguien debía resguardarla?”, cuestionan.
